Ya lo veía venir. Steve Jobs estaba cada vez más flaco y demacrado en cada evento donde se presentaba. Sólo era cosa de tiempo para que pasara. Y pasó ayer. Y yo no pude dejar pasar la oportunidad de hablar de él aquí, pues muchas veces dije: "la única empresa que está haciendo algo para que el siglo XXI parezca en verdad el futuro es Apple, todos los demás sólo copian lo que ellos hacen". Y es verdad, pero no gracias a sus empleados, sino al hombre al frente de la empresa. Steve Jobs no sólo salvó a Apple de la quiebra, sino que la llevó al siguiente nivel. Gracias a su visión, el iPod se volvió el reproductor de audio y video número uno del mundo. Su idea de una super computadora era juntar todo en una sola unidad a la que llamó Macintosh, y que evolucionó para convertirse en iMac. Y no conforme, llevó la idea a una tableta que de inmediato todos quisieron copiar: el iPad.
Pero hay que dejar algo en claro: Steve Jobs no inventó nada de eso. La tecnología que dio orígen a Macintosh ya existía, él sólo la aplicó a una idea más funcional. Los reproductores de audio portátil ya eran populares antes del iPod, pero no eran tan ingeniosos (y mucho menos digitales). Y la tecnología táctil ya podía ser vista en bancos y edificios inteligentes, pero Jobs la puso al alcance de todos y después les dio un motivo para querer usarla. En síntesis, Jobs no fue un genio de la tecnología, más bien un visionario, alguien capaz de imaginar el futuro y compartir sus ideas con quienes pueden hacerlas realidad. Un hombre talentoso que dejó su marca en el mundo. Y para quienes usamos su marca, él siempre será el espíritu de Apple. Una lástima que tuviera que irse tan pronto, pero quizá Dios necesitaba un CEO allá arriba.

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